Complacer a la clientela que asiste a un local es cada vez más difícil. Sin embargo, ciertos principios básicos vinculados con la satisfacción del consumidor siguen vigentes. Y se pueden adaptar al entorno actual.
La Real Academia Española define como “práctico” a aquello que “comporta utilidad o produce provecho material inmediato”. En el mundo del comercio alimenticio, ese concepto resulta de suma utilidad. Las comidas “rápidas” o semipreparadas, por ejemplo, tienen una demanda cada vez mayor, debido al tiempo que ahorran en la preparación. Para aquellas personas que cuidan lo que comen, los alimentos enlatados, por ejemplo, también son una fuente garantizada de productos nutritivos, sanos y frescos. Gracias a modernos procesos de envasado, es posible mantener su buen sabor, apariencia y gran parte de su contenido nutricional.
Existen muchos mitos y dudas respecto a la seguridad y calidad nutricional de los alimentos contenidos en la latas. Consumir este tipo de alimentos ofrece muchos beneficios, ya que la mayoría de estos productos contienen, en ocasiones, una mayor cantidad de nutrientes que los preparados en casa, además de conservadores naturales, y están libres de exposición a microorganismos. Las vitaminas de los alimentos son sumamente sensibles al calor. Por ello, y con el fin de reducir el impacto en estos nutrientes, en los procesos industriales se controlan con precisión los tiempos y temperaturas de cocción.
Esto no sucede en las preparaciones caseras, en donde difícilmente se pueden controlar de forma tan exacta los tiempos y las temperaturas de cocción, lo cual provoca que la pérdida o disminución de nutrientes sea mayor. Otro punto importante es que los alimentos enlatados aseguran una mayor higiene en todos sus procesos.
(Puede continuar leyendo esta nota en la Edición Digital de Revista Punto de Venta N° 321).












