Por qué el consumo seguirá planchado en 2026 pese al rebote de la economía (y qué nos revelan los nuevos hábitos de la clase media).

Por Daniel Perman, especialista en insights para el consumo masivo.

El celebrado crecimiento proyectado del PIB del 3,5% impulsado por Vaca Muerta, el agro y la minería no esconde la otra realidad. En las góndolas de los supermercados, el silencio es ensordecedor. Al cruzar los datos de Scentia con el informe de humor social de Ecolatina y ShopApp, emerge una radiografía inquietante: el consumidor argentino está asfixiado por el pluriempleo, atrapado en una deuda crónica y reemplazó la compra mensual de alimentos por el pago en cuotas de pequeños electrodomésticos y micro-indulgencias.

Existe una disonancia cognitiva en la Argentina de 2026. Si uno camina por los despachos del Ministerio de Economía o lee los reportes del Banco Central, el país está despegando. La macroeconomía se estabiliza, el riesgo país ha cedido, la inflación núcleo parece domesticada y los tres grandes motores (exportaciones, energía y minería) rugen, prometiendo un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) superior al 3,5%.

Pero si uno cruza la calle y entra a un hipermercado, el escenario se parece más a un páramo invernal que a una primavera económica. Los datos duros del sector retail no mienten. Scentia confirmó que enero de 2026 cerró con una contracción del 1,1% en el consumo masivo (total canales), destruyendo la ilusión de que el repunte de diciembre había sido el inicio de una recuperación en “V”.

(Puede continuar leyendo esta nota en la Edición Digital de Revista Punto de Venta N° 361).