Si bien en lo inmediato resulta casi impensable regresar a los niveles de consumo de otras épocas, hay algunos indicios de recuperación de la economía que resultan esperanzadores.

Como cada año -y 2025 no es la excepción- el análisis del contexto económico cobra relevancia para anticipar lo que vendrá. No hay dudas de que los próximos meses presentarán un entorno desafiante, aunque comienzan a observarse algunos indicios de recuperación. Uno de los signos más alentadores es que los ingresos han empezado a ganarle a la inflación, que más allá de algún revés coyuntural, como el de marzo, sigue con tendencia a la baja.

«Es esperable que el consumo recupere parte de lo perdido en 2024», comenta Osvaldo del Río, Director de Scentia. Para comprender este proceso, explica, es necesario repasar de dónde venimos y dimensionar adecuadamente lo que podría suceder a futuro. En ese sentido, la fuerte caída registrada el año pasado fue, probablemente, la más pronunciada de las últimas tres décadas, y resulta difícil imaginar una pronta recuperación hasta los niveles de consumo alcanzados en períodos anteriores. «El hecho es que los distintos modelos económicos persiguen objetivos diferentes. El que estamos atravesando actualmente apunta a la estabilidad macroeconómica, con la suficiente consistencia como para construir una base sólida que permita un crecimiento sostenido en el largo plazo», añade del Río.

Por eso, lo que puede esperarse para este año no es un crecimiento, sino una recuperación gradual luego de una retracción del consumo cercana al 14% durante 2024. Los primeros meses de 2025 mantuvieron resultados negativos -con una caída del 9,8% en el primer bimestre- aunque con una desaceleración en el ritmo de contracción. Esto genera expectativas de que los indicadores comiencen a mostrar números positivos a partir del segundo trimestre. Según Scentia, en lo que respecta a la dinámica de las ventas y el comportamiento del consumidor, se pueden anticipar algunos cambios relevantes.

El consumo podría volver a correlacionarse con el PBI, como resultado de una alineación más clara de los precios relativos. El Estado tendrá una participación baja o nula como impulsor del consumo, sin controles de precios y con una asistencia focalizada, moderada y racionalizada -aunque presente- bajo un nuevo modelo de intervención.

(Puede continuar leyendo esta nota en la Edición Digital de Revista Punto de Venta N° 350).