La evolución del consumo presenta varios altibajos. Algunas categorías avanzan, mientras que otras pierden terreno en un mercado local cada vez más fragmentado.
El consumo masivo argentino atraviesa una etapa en la que las señales de recuperación todavía conviven con comportamientos defensivos. Después de años de fuertes alteraciones en precios y poder adquisitivo, los hogares no parecen dispuestos a regresar rápidamente a sus antiguos hábitos. El consumidor que emerge de este proceso compra con mayor cautela, distribuye su presupuesto entre distintos canales y presta más atención al desembolso que implica cada visita al punto de venta.
El último informe de NielsenIQ exhibe una importante heterogeneidad. En el acumulado de 2026, la canasta registra una contracción de 0,4% frente al mismo período del año anterior. Sin embargo, en el bimestre julio-agosto la caída se amplía hasta 1,6%, señal de que la recuperación continúa encontrando obstáculos. Al mismo tiempo, el precio promedio ponderado muestra un incremento interanual de 27% en ese último bimestre.
Los datos disponibles muestran, además, que la evolución del mercado está lejos de ser uniforme. Hay categorías que logran crecer mientras otras continúan perdiendo volumen; canales que encuentran oportunidades y otros que siguen en retroceso. El resultado es un escenario fragmentado, donde las lecturas generales sirven como referencia, pero ya no alcanzan para comprender qué está ocurriendo en cada segmento.
Ganadores y perdedores
Mirar el interior de la canasta permite comprender mejor el fenómeno. En el acumulado anual, los alimentos básicos avanzan 0,4%, las bebidas alcohólicas crecen 1,7% y el segmento de kioscos registra una expansión de 4,3%. En sentido contrario, limpieza del hogar y de la ropa cae 4%, al igual que el segmento denominado Hogar, mientras cosmética retrocede 1,9%, tocador 1,6% y bebidas sin alcohol otro 1,6%.
(Puede continuar leyendo esta nota en la Edición Digital de Revista Punto de Venta N° 367).













