Las enfermedades del sistema circulatorio representaron el 27,9% de las defunciones registradas en el país, por lo cual la prevención al respecto es fundamental. “Cuando hablamos de prevenir muchas veces pensamos en cambios difíciles de sostener. Sin embargo, hay conductas concretas que podemos incorporar progresivamente a nuestra rutina y que forman parte de un patrón de vida saludable”, explicó Carolina Arriva, médica especialista en Cardiología y asesora de Glaciar Baja en Sodio.

La reducción del sodio es una herramienta concreta para mejorar el control de la presión arterial, especialmente en las personas con hipertensión. “Pero debe formar parte de un abordaje integral. Una alimentación saludable y la actividad física son pilares del cuidado cardiovascular”, señaló la Dra. Arriva.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos consuman menos de 2.000 mg de sodio por día. En este contexto, revisar las etiquetas y prestar atención a las fuentes de sodio de la alimentación cotidiana son herramientas concretas para tomar decisiones más informadas.

Desde la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) destacan también el impacto que puede tener la reducción del sodio sobre la presión arterial. Según el Consenso de Hipertensión Arterial de la entidad, disminuir su consumo puede contribuir a reducir la presión arterial sistólica, es decir, el valor más alto de la medición de la presión arterial, en aproximadamente 2 a 8 mmHg.