La empresa del Grupo Motta cuenta con avanzada tecnología y procedimientos certificados para garantizar la inocuidad alimentaria y el mayor valor nutritivo de sus distintas líneas de productos.

La importancia de la tecnología en la calidad de los productos alimenticios es fundamental”, explica María de la Paz Arriola, Responsable de Asado (Calisa, Grupo Motta). La tecnología permitió que la elaboración de alimentos evolucione, amoldándose a las necesidades y requerimientos del consumidor, conservando las propiedades intrínsecas del producto, y a su vez, mejorando aspectos nutricionales, de vida útil, sensoriales y, sobre todo, de inocuidad. Todo eso, acompañado por resultados favorables en la eficiencia y sustentabilidad de los procesos.

“Apuntamos al agregado de valor satisfaciendo las necesidades de nuestros clientes, enfocados en el ahorro de tiempo, la estandarización de los productos, la disminución de mermas y la reducción de la manipulación”, comenta la especialista. “Diseñamos productos con características específicas de textura, palatabilidad, perfiles nutricionales o estándares técnicos definidos, teniendo la flexibilidad necesaria para cumplir dicho objetivo y trabajando bajo altos estándares de calidad e inocuidad alimentaria”. 

Los valores en baja del consumo, la pandemia y la caída del sector gastronómico fueron indicadores esenciales para replantear la estrategia comercial de la empresa y acercar un gran porcentaje de los productos a nuevos desarrolladores comerciales (distribuidores) y a consumidores finales (supermercados). Es por ello que, desde el Departamento Gerencial Comercial y de Investigación y Desarrollo, se lanzó la línea de productos “familiares”, que garantizan el envasado en origen con los más altos estándares de calidad internacionales.

La pandemia cambió el concepto, no solamente en la frecuencia de compras y volumen, sino también en la necesidad de contar con alimentos que certifiquen la calidad en todo su proceso. “Es por ello que la línea mencionada, en su formato de un kilo, propone al consumidor una unidad rentable en pesos por kilo, garantizando que el producto llegue con las propiedades intactas a su mesa”, señala Arriola.

Indicadores como volumen de ventas, penetración en el mercado y capacidad de distribución de los desarrolladores comerciales, son puestos en funcionamiento dentro de un sistema de gestión interno, donde periódicamente se realiza la evaluación para detectar altas y bajas de líneas productivas. “De esta forma, en un trabajo en conjunto con nuestra fuerza de ventas, analizamos el mercado, proponiendo nuevas soluciones para que el consumidor adquiera los productos”, comenta la entrevistada.

Los principales criterios que se tienen en cuenta para asegurar la inocuidad alimentaria son: materias primas seguras, estandarización de los procesos y cumplimento de las Buenas Prácticas de Manufactura dentro de los prerrequisitos de base del sistema HACCP implementado y certificado en planta.

(Puede continuar leyendo esta nota en la Edición Digital de Revista Punto de Venta N° 307).