El informe sobre las ventas en junio realizado por la firma Scanntech a partir de datos comparables históricamente, proporcionados por sus scanners instalados en 650 puntos de venta de todo el país, evidencia una tendencia negativa.

El consumo masivo afronta un escenario complejo. El deterioro de los niveles de ingreso de la población -una tendencia que se venía manifestando con anterioridad a la pandemia- se acentuó durante el año pasado debido a la cuarentena. Los asalariados dentro de la economía formal (es decir, en relación de dependencia) fueron los menos castigados, mientras que el resto (los trabajadores independientes, y especialmente los de menores recursos) tuvieron una disminución más drástica de su poder adquisitivo.

Ese efecto arrastre (sumado a que la pandemia todavía genera restricciones a la libre operatoria en varios rubros) acentuó este año la pérdida de poder adquisitivo. Las medidas adoptadas por el gobierno nacional para sostener la capacidad de consumo (un clásico en años electorales, como el actual) no resultan suficientes. 

Al cierre de esta edición, las proyecciones de las consultoras privadas ubicaban a la inflación de julio en torno de 3%, con muy leves variaciones por encima y por debajo. Estas estimaciones se dan en momentos en que tienden a subir las cotizaciones de los dólares alternativos, un fenómeno que despierta dudas entre los analistas sobre el eventual impacto en los precios.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) pronostica que la Argentina, tras haber retrocedido 9,9% en su PBI (la masa salarial se contrajo 9%) durante 2020, vería crecer su economía un 6,3% este año y otro 2,7% en 2022.

(Puede continuar leyendo esta nota en la Edición Digital de Revista Punto de Venta N° 305).