El crecimiento del e-commerce derivó en un incremento en la cantidad de fraudes virtuales, con un alto costo para las empresas. Para prevenir ese tipo delitos, hoy existen soluciones eficaces basadas en inteligencia artificial y aprendizaje automatizado.

Según datos de la Asociación Argentina de Lucha Contra el Cibercrimen, los delitos informáticos en nuestro país aumentaron un 60% en 2020. El incremento es notorio: el 60,28% de ese tipo de fraudes ocurridos en los últimos cinco años se reportaron el año pasado.

El importante crecimiento del comercio electrónico fue uno de los impulsores de esta tendencia. Las transacciones en línea y sin tarjeta presente (CNP, por sus siglas en inglés) han aumentado durante la pandemia de Covid-19, y los expertos predicen que el e-commerce crecerá 21% a lo largo de 2021.

Esto aumenta significativamente el riesgo de fraude. Tan solo en 2020, los delitos con tarjetas CNP costaron a las empresas 35.540 millones de dólares en todo el mundo. Y se pronostica que ese tipo de delito aumente 14% hacia el 2023, con lo cual las pérdidas esperadas para los minoristas ascenderán a 130.000 millones de dólares.

En sus esfuerzos por combatir este problema, los comerciantes rechazan transacciones con demasiada frecuencia, lo cual se está convirtiendo en un problema más costoso que el fraude en sí mismo. “En promedio, los vendedores de e-commerce gastan 4 dólares por cada dólar de pérdida directa causada por fraude”, explica Oscar Bello, Director de Vesta, empresa global dedicada a la prevención de fraude digital e implementación de mejoras en la aprobación de transacciones. “Más allá del valor del bien robado, esas situaciones -dice Bello- tienen un costo adicional multidimensional, generado por la devolución del importe a la víctima del robo, los cargos de las tarjetas y el tiempo y esfuerzo de los recursos administrativos propios destinados a seguir la orden fraudulenta. A eso se suma el problema más crítico: la incomodidad que se le generó al cliente víctima del fraude”.

Los delitos informáticos son una realidad a la que no se puede escapar. “Los comercios online deben ofrecer soluciones antifraude sólidas, probadas, escalables y por sobre todo, dinámicas; tienen que aprender en tiempo real. No hay espacio para revisión manual y demoras o fricción en el proceso de check out”, señala Bello.

 (Puede continuar leyendo esta nota en la Edición Digital de Revista Punto de Venta N° 303).